Del (sin)sentido del deber materno.

Deber o no deber.

Vale. Os voy a soltar mi perorata, pero no os asustéis, soy algo así como una minimalista de contenidos, suelo ir al grano y allí me quedo. Lo que sucede es que estoy cansada de tanta imposición. A las madres nos vuelven locas y nada esto es en beneficio nuestro o de nuestros hijos. Nos cortan las alas y pretenden que enseñemos a volar. O quizás no. Quizás no sea eso lo que pretenden. Pero aquí estoy y aquí estamos nosotras, cansadas madres oprimidas, y os voy a explicar porqué.

Damas y caballeros, os presento el (sin)sentido del deber materno: “Una madre debe sentirse así… Una madre debe actuar de este modo… Debe expresarse de aquella manera… Y debe amar de aquella otra… Una madre debe pensar esto… Una madre debe saber lo otro… Debe entregarse de aquel modo… Y sufrir de aquel otro…”.
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Un llamado a la autenticidad

Por mucho que se diga, la autenticidad está infravalorada. Con el bien que hace y la hemos relegado a las profundidades del armario, allí junto con la ropa vieja y las bolitas de naftalina. Si al menos la hubiéramos guardado en la habitación del niño él jugaría con ella y aprendería unas cuantas cosas. Pero no, allí está olvidada en la oscuridad. Suele ser el miedo el que la cierra bajo llave. Y cuando somos m/padres nuestros miedos crecen y con ellos la cerradura. Normal, nuestra responsabilidad es mayor y de nosotros depende el bienestar de nuestros hijos y no sólo el nuestro. Pero, ¿y si os dijera que la autenticidad está intrínsecamente ligada a la responsabilidad? Quizás entonces no tengamos tanto miedo a abrir la puerta del armario y la autenticidad pueda ver un poco de luz.
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