Un llamado a la autenticidad

Por mucho que se diga, la autenticidad está infravalorada. Con el bien que hace y la hemos relegado a las profundidades del armario, allí junto con la ropa vieja y las bolitas de naftalina. Si al menos la hubiéramos guardado en la habitación del niño él jugaría con ella y aprendería unas cuantas cosas. Pero no, allí está olvidada en la oscuridad. Suele ser el miedo el que la cierra bajo llave. Y cuando somos m/padres nuestros miedos crecen y con ellos la cerradura. Normal, nuestra responsabilidad es mayor y de nosotros depende el bienestar de nuestros hijos y no sólo el nuestro. Pero, ¿y si os dijera que la autenticidad está intrínsecamente ligada a la responsabilidad? Quizás entonces no tengamos tanto miedo a abrir la puerta del armario y la autenticidad pueda ver un poco de luz.

¿Qué es la autenticidad?

No he sido yo quien ha establecido una liaison entre autenticidad y responsabilidad. Ha sido Heidegger. Yo tomo prestada esta relación y trivializo sus conceptos -pues no hablaré del ser-para-la-muerte– para adaptarlos a esta temática. Así, os puedo definir el ser auténtico como ser responsable de ti mismo, de tus actos y tus decisiones. Pero hacerte responsable de ello no es quitarle su voz, o mejor dicho, quitártela a ti. No es acallarla para pronunciar la de los demás, reprimirte a ti para exaltar lo otro. Si no reconocer tus decisiones, tus acciones, tus proyectos y manifestarlos. Ser consciente de ellos y consecuente con ellos. Ser responsable es, entonces, pronunciar tu voz. Manifestarte. Y con ello no quiero decir que saques una pancarta y vayas a la calle. Se trata de manifestarte ante ti mismo, o a ti mismo.

Un inauténtico irresponsable.

Por el contrario, y siguiendo con la línea de Heidegger, lo inauténtico vendría a ser lo impersoautenticidadnal, aquello que no proviene del yo, que se pierde entre los demás, quedando a caballo entre el se- y lo uno: Pronunciando lo que se dice y obrando como se hace, el inauténtico no es él sino “uno”. De este modo la persona inauténtica se nos regocija en la negación: lo que ocurre no le ocurre a él, simplemente ocurre; lo que dice no lo dice él, se dice; lo que hace no lo hace él, se hace. Claro, no es de extrañar que este señor o señora lleve una mochila menos cargada que el resto -de los auténticos, se entiende-. Uno tiene la sensación equivocada de que cuando el error es de muchos, no es error, y la responsabilidad se reparte entre tantos que uno queda prácticamente exento de ella.

Dejando entrar un poco de luz.

La autenticidad así vista sienta las bases de lo que llamo la m/paternidad activa o auténtica. Es decir, una m/paternidad que se hace cargo de lo que es. No de lo que debe o tiene que ser, no de lo que se dice que es. Responsabilizarte de tu m/paternidad y no de la de los demás, de eso se trata. Y para ello tienes que abrir la puerta del armario y dejar que entre un poco de luz.

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