La balanza familiar

Aunque parezca una obviedad, a veces es difícil darnos cuenta de que una familia está conformada por todos sus integrantes, y no tan sólo por los hijos. Para cuidar de ella, por tanto, hemos de cuidar a todos sus miembros (¡eso nos incluye a nosotros mismos!). Esto es un equilibrio en la familia.
La balanza familiar

Imaginemos una balanza. Para que ella esté en equilibrio necesita que sus dos brazos contengan algo que pese igual. Pues lo mismo sucede con la familia. Si todo el peso recae sobre un sólo lado, ella no se podrá mantener en pie. Para que la familia sea como la balanza en equilibrio es evidente que los integrantes más pequeños necesitarán más de nosotros, y, al mismo tiempo, nosotros necesitaremos darles más a ellos. Pero sólo esto implicaría que todo el peso se apoye sobre un sólo brazo.

¿Qué más hay de necesario, entonces? Que cuidemos de nosotros mismos y de nuestras parejas. Todos los integrantes de una familia necesitan atención. Los pequeños necesitarán considerablemente más que los adultos, pero si sólo reparamos en ellos y nos hacemos a un lado a nosotros mismos o a nuestras parejas, a la familia, como conjunto, le costará mantenerse en pie y, tarde o temprano, andará coja (y hay diversas maneras en las que esto puede expresarse).

Se trata pues, de dedicar a cada uno el cuidado que requiere y merece; de trabajar todos los lazos afectivos, con nuestros hijos, con nuestra pareja y con nosotros mismos. Lo que hace que una familia sea tal, son los lazos que unen a sus integrantes más que los integrantes en sí, de lo contrario estaríamos hablando de un mero conjunto de personas. Por otro lado, si sólo se trabajan los lazos con los hijos o con la pareja, habrán integrantes que queden fuera del círculo.

Entonces, ¿qué se puede hacer a efectos prácticos para trabajar estos lazos que hacen a una familia equilibrada? Alimentar las diversas relaciones que componen la familia y a ella en su conjunto. Para ello se me ocurren algunos ejemplos:

  • Si tienes algún familiar en quien confiar a tus hijos por unos días, puedes hacer un viaje con tu pareja (si la confianza no da para tanto, que sea alguna noche cada tanto y hacéis algo especial).
  • Puedes dedicarte unos momentos a tí mismo/a al menos una vez por semana (como puede ser jugar a algún deporte, darte un largo baño relajante con burbujas y unas velas, etc.).
  •  Puedes jugar con tus hijos a algo que les guste mucho, enseñarles alguna cosa que sabes hacer, etc. ¡Ejemplos de esto suelen ser de los más fáciles de encontrar!
  • Podéis hacer cosas en familia como ir todos juntos al teatro o a algún museo del que puedan disfrutar grandes y pequeños.

Y ahora dime tú,
1. ¿Qué cosas se te ocurren que puedes hacer para trabajar la relación con tu pareja?
2. ¿Qué cosas se te ocurren que puedes hacer para trabajar la relación contigo mismo/a?
3. ¿Qué cosas se te ocurren que puedes hacer para trabajar la relación con tus hijos?
4. ¿Qué cosas se te ocurren que puedes hacer para trabajar la relación con toda la familia en conjunto?

 

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