Creando las creencias de tu paternidad

Este post es una suerte de continuación del último que he escrito, pues hablaré aquí partiendo de un punto, de un hueco que mencioné se genera cuando cuestionamos una creencia. En aquel post expliqué qué son las creencias, de modo que no entraré en ello aquí, pero sí es necesario hacer un breve repaso de lo que son las creencias limitantes. Os comentaba que ellas:

Son unos supuestos básicos que determinan nuestra conducta y argumentos pero, en vez de promover el desarrollo y permitir desenvolvernos en nuestra paternidad, individualidad o como pareja, nos coartan y limitan.

Pues bien, expliqué también cómo cuestionarlas y mencioné qué pasa si cuestionas tu creencia pero no la reemplazas por otra: queda un “espacio de incertidumbre”, un hueco, una especie de agujero entre creencias que no puede permanecer vacío.

Las creencias deben ser tu responsabilidad y elección.

Eres, por decirlo de algún modo, responsable de aquel vacío. Responsable porque no debes permitir que cualquier creencia entre allí pero sobre todo porque es en aquel agujero donde elegirás (Sartre. El existencialismo es un humanismo) y nuestras elecciones son nuestra responsabilidad. Aquel hueco es el vacío de la duda: Ortega y Gasset nos dice “los huecos de nuestras creencias son el lugar vital donde insertan su intervención las ideas”. Es un espacio, pues, crítico que has de ocupar pensando, imaginando y, en definitiva, creando. La idea es imaginación, nos dice Ortega y Gasset.

Creando las creencias de tu paternidad

“Usted es libre, elija, es decir, invente”.

Ya lo dijo Sartre. Porque sí, puedes y debes (aquí entra tu responsabilidad) elegir tus creencias, del mismo modo que puedes y debes elegir cómo actuar. Actuando te haces y haciéndote incorporas tus creencias. Las creencias que vamos adquiriendo nos van moldeando, por decirlo de algún modo, pero nosotros, en nuestro actuar también las podemos moldear a ellas. Hace un tiempo escribí un post en el que explicaba cómo nos hacemos al actuar (un breve ejemplo: no es que soy cobarde y por ello actúo cobardemente, sino que porque actúo cobardemente soy cobarde y, por tanto, si actuara de otra manera sería de aquella otra manera).

Una creencia no se piensa, se vive.

Pues bien, al hacernos formamos e incorporamos nuevas creencias, de modo que actuando como queramos adquiriremos las creencias que queramos. Desde luego una nueva creencia no suele ser algo que asimilemos de la noche a la mañana. Todo nuestro cuerpo la ha de asimilar, por ello comprenderla con el pensamiento no es suficiente. Una creencia no se piensa, se vive. Es muy importante, por tanto, tomar responsabilidad por sobre nuestras creencias, elegirlas y hacerlas nuestras.

Un ejemplo de una madre y su antigua creencia.

Una madre tiene la creencia de que si da el pecho en público la gente lo va a considerar una falta de respeto. Ahora bien, esa creencia es limitante para ella, pues ella desea dar el pecho a su bebé y desde luego pasar todo el día en casa o escondiéndose cada vez que su bebé tiene hambre no le ayuda. Así pues, la madre cuestiona su creencia (no entraré en detalles pues esto ya está en el post anterior), la deconstruye y genera un hueco. Ahora debe pensar, imaginar qué creencia quiere ella que ocupe aquel lugar. Y se le ocurre la siguiente creencia: Dar el pecho cuando tu bebé lo requiera, sea donde sea, es una muestra de respeto y de cuidado hacia el bebé.

Una madre y su nueva creencia.

Así pues, se pone manos a la obra y contrasta su creencia. Da el pecho en público cuando su hijo tiene hambre. Puesto que deconstruyó su creencia anterior, aunque al principio le cueste y le resulte extraño, poco a poco va dejando de sentir la necesidad de esconderse cuando le va a dar el pecho a su hijo, y no sólo eso, pues en la práctica de su nueva creencia se da cuenta que pone la satisfacción de las necesidades de su hijo por delante, con lo cual, además de acabar dando el pecho con toda tranquilidad, se siente orgullosa de ello.

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