Consonancia

En el post anterior, al hablar sobre el equilibrio familiar y la importancia de trabajar los lazos con cada integrante de la familia, mencioné que hemos de cuidarnos a nosotros mismos y trabajar en esta misma relación: Para que una familia esté en equilibrio cada miembro ha de estarlo a su vez. En este post aondaré en este mismo aspecto.

Suele suceder que a estos lazos con nosotros mismos los relegamos a un último plano -en la mayoría de casos por no tener suficiente tiempo y haber de establecer prioridades-, y/o los damos por supuestos -aún más que los lazos con nuestra pareja-, pues, como en definitiva somos nosotros mismos y no podemos sino estar en nosotros mismos, damos por sentado que esta “coexistencia” es más que suficiente. Pero nada más lejos de la realidad.

Hay dos pasos o caminos con los que trabajar esta relación, uno es el que veremos a continuación y el otro quedará guardado para el siguiente post.

Pues bien, lo primero con lo que nos topamos es con nosotros mismos, con nuestra propia existencia. Con lo cual, para realizar cualquier acción (en el sentido más amplio de la palabra) hemos de pasar por nuestras emociones, estados de ánimo, juicios, creencias, etc.

Consonancia

Pues bien, si no estamos en consonancia con ellos, y puesto que nos hacemos en y a través de ellos, este “toparnos” se da más en forma de un tropiezo o percance que de un agradable encuentro. Algo así como comenzar cada acción con el pie izquierdo. De este modo se acaba tiñendo todo nuestro obrar, sometiéndonos a un círculo vicioso en el que a menor consonancia con nosotros mismos, menor satisfacción con nuestras acciones, menor consonancia, menor satisfacción, y así sucesivamente.

Para estar en consonancia con nosotros mismos es imprescindible la escucha, de nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestros pensamientos. Y para ello lo más importante es trabajar la sensibilidad -como capacidad de percibirnos-, afinar nuestra percepción de nosotros mismos, para luego poder dialogar-nos, es decir, establecer un diálogo interno continuo con nuestro cuerpo, mente y emociones, responder a nuestras necesidades y, si así lo deseamos, trabajar en aquello que deseamos cambiar o mejorar.

Ahora bien, la paternidad suele dejarnos poco espacio para dedicarnos al trabajo de esta sintonía interna, pero unos 5 o 10 minutos al final de cada día ya nos suena más plausible:

  1. Dime las 3 primeras cosas que se te ocurran para hacer o reflexionar sobre tus emociones.
  2. Dime las 3 primeras cosas que se te ocurran para hacer o reflexionar sobre tus pensamientos.
  3. Dime las 3 primeras cosas que se te ocurran para hacer o reflexionar sobre tu cuerpo.

 

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